Ciudad Conquistada

Editorial
«Lo hemos conquistado todo, y todo se ha deslizado lejos de nuestro alcance. Hemos conquistado el pan, y hay hambruna. Hemos declarado la paz a un mundo cansado de guerras, y la guerra se ha instalado en cada casa. Hemos proclamado la liberación de los hombres, pero necesitamos cárceles, una disciplina “de hierro” (…), y somos los portadores de la dictadura. Hemos proclamado la fraternidad, pero se trata de “la fraternidad y la muerte”. Hemos fundado la República del Trabajo, pero las fábricas mueren; la hierba crece en sus patios. Queremos que cada uno dé según sus fuerzas y reciba según sus necesidades, pero aquí estamos, nos hemos convertido en unos privilegiados en medio de la miseria generalizada.» Ciudad conquistada es la más amarga y oscura de las primeras novelas de Victor Serge, quien se anticipó a Orwell y a Koestler y fue además uno de los primeros en calificar como totalitario al régimen soviético....Leer más
«Lo hemos conquistado todo, y todo se ha deslizado lejos de nuestro alcance. Hemos conquistado el pan, y hay hambruna. Hemos declarado la paz a un mundo cansado de guerras, y la guerra se ha instalado en cada casa. Hemos proclamado la liberación de los hombres, pero necesitamos cárceles, una disciplina “de hierro” (…), y somos los portadores de la dictadura. Hemos proclamado la fraternidad, pero se trata de “la fraternidad y la muerte”. Hemos fundado la República del Trabajo, pero las fábricas mueren; la hierba crece en sus patios. Queremos que cada uno dé según sus fuerzas y reciba según sus necesidades, pero aquí estamos, nos hemos convertido en unos privilegiados en medio de la miseria generalizada.» Ciudad conquistada es la más amarga y oscura de las primeras novelas de Victor Serge, quien se anticipó a Orwell y a Koestler y fue además uno de los primeros en calificar como totalitario al régimen soviético. La obra fue enviada por fragmentos a Francia, donde vio la luz en 1932, cuando el autor estaba a punto de ser desterrado a los Urales. Ambientada en el Petrogrado de la guerra civil que siguió a la Revolución rusa, narra el terror rojo y el terror blanco, pero sobre todo el rojo: Serge describe cómo los nuevos amos de la antigua ciudad de los zares se valen de la Checa para eliminar a sus adversarios políticos y consolidar su poder. «La esencia de Serge y de sus libros debe buscarse en su actitud hacia la verdad. Por supuesto, han existido muchos escritores meticulosamente honestos, pero para Serge el valor de la verdad iba más allá de su simple (o compleja) narración.» John Berger «Una clase especial de literatura, surgida de la lucha política en Europa.» George Orwell «Una obra brillante… Uno de los héroes éticos y literarios más imponentes del siglo XX.» Susan Sontag Leer menos
Clasificación
Literatura > Literatura General
Título
Ciudad Conquistada
ISBN
9788494481697
Precio
$658.40
Anarquista y protagonista destacado de la Revolución rusa desde 1918, Victor Napoleón Lvovich Kibalchich —Serge fue el seudónimo adoptado en la revista española Tierra y Libertad— fue también una de las primeras voces críticas con el estalinismo. Dotado de una notable capacidad para las letras, trabajó en la Internacional Comunista como periodista, editor y traductor....Leer más
Anarquista y protagonista destacado de la Revolución rusa desde 1918, Victor Napoleón Lvovich Kibalchich —Serge fue el seudónimo adoptado en la revista española Tierra y Libertad— fue también una de las primeras voces críticas con el estalinismo. Dotado de una notable capacidad para las letras, trabajó en la Internacional Comunista como periodista, editor y traductor. Hijo de exiliados de la Rusia zarista, se entregó por completo a las ideas y las actividades que confirieron al siglo XX su miseria y su esplendor. No fue el único revolucionario que lo hizo, pero sí uno de los pocos que no confundió esos dos extremos y que, protagonista del esplendor que pareció encarnar la revolución rusa, advirtió desde los primeros momentos la miseria en la que se precipitaba. Serge estuvo en contacto con sus dirigentes, desde Lenin hasta Trotski, Bujarin o Zinoviev, y se sintió por ello comprometido a denunciar lo que, todavía instalado en la fe original, consideró graves errores, como el establecimiento de checas en lugar de tribunales con garantías. Leer menos

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