Epicuro

Editorial
W. Otto, en este pequeño libro, proyecta lo mejor de su pensamiento deslumbrándonos con la increíble potencia narrativa que lo caracteriza. Es un libro extraordinario por varias razones, pero la más importante es que se aventura a maridar dos posturas que se cree son irreconciliables: el materialismo más puro con la absoluta certeza en la existencia de los dioses. Y para ello recurre a uno de los filósofos más importantes y peor comprendidos del tardo pensamiento griego: Epicuro. Otto arremete, con una economía expresiva portentosa, contra el cúmulo inveterado de clichés que se han esparcido a lo largo de los siglos sobre el ateismo y el hedonismo epicúreo. La postura filosófica que proclama el máximo placer como fin supremo de la vida, es iluminada por Otto a partir de una exégesis detallada de los fragmentos del propio Epicuro, y de las noticias que nos legaron otros granes pensadores, como es el caso de Lucrecio en su De rerum natura....Leer más
W. Otto, en este pequeño libro, proyecta lo mejor de su pensamiento deslumbrándonos con la increíble potencia narrativa que lo caracteriza. Es un libro extraordinario por varias razones, pero la más importante es que se aventura a maridar dos posturas que se cree son irreconciliables: el materialismo más puro con la absoluta certeza en la existencia de los dioses. Y para ello recurre a uno de los filósofos más importantes y peor comprendidos del tardo pensamiento griego: Epicuro. Otto arremete, con una economía expresiva portentosa, contra el cúmulo inveterado de clichés que se han esparcido a lo largo de los siglos sobre el ateismo y el hedonismo epicúreo. La postura filosófica que proclama el máximo placer como fin supremo de la vida, es iluminada por Otto a partir de una exégesis detallada de los fragmentos del propio Epicuro, y de las noticias que nos legaron otros granes pensadores, como es el caso de Lucrecio en su De rerum natura. El placer nada tiene que ver con una escalada libertina, por el contrario, se lo relaciona con la ausencia de dolor; y por lo mismo lo que se busca es la bienaventuranza y la serenidad. De igual forma, el materialismo epicúreo desemboca en una visión divina de la existencia: recordemos que los dioses están hechos de los átomos más sutiles que puedan existir. Otto parte de una premisa indispensable: la libertad sólo es posible si estamos acompañados por los dioses, ya que nos alejan de la estupidez humana y nos acercan a su esfera, que es pura luz y libertad. Mejor escuchémosle: “El culto epicúreo es la religión del hombre superior. Este hombre es capaz de soportar el hecho de que todo acontecer terreno no les concierne a los dioses. Ésta es la más pura esencia de las devociones porque en la ausencia de los dioses se maximiza la fe. Finalmente el materialismo radical, lejos de cuestionar la creencia epicúrea, la protegió de las esperanzas, deseos y temores humanos que sólo podían turbar la grandiosa imagen de los dioses”. Leer menos
Título
Epicuro
ISBN
8493473987
Precio
$136.00
Walter Friedrich Otto, nació el 28 de junio de 1874 en Hechingen (Hohenzollern); era hijo del farmacéutico Hermann Ernest Otto, quien poco después se trasladó a Stutgart. Allí frecuentó el colegio de humanidades de Eberhard Ludwig, a partir del otoño de 1882, y se sometió en 1892, en lugar del bachillerato normal, a lo que se llamaba “concurso”, o sea un examen que le confirió el derecho de ingreso en el seminario teológico protestante de Tubinga....Leer más
Walter Friedrich Otto, nació el 28 de junio de 1874 en Hechingen (Hohenzollern); era hijo del farmacéutico Hermann Ernest Otto, quien poco después se trasladó a Stutgart. Allí frecuentó el colegio de humanidades de Eberhard Ludwig, a partir del otoño de 1882, y se sometió en 1892, en lugar del bachillerato normal, a lo que se llamaba “concurso”, o sea un examen que le confirió el derecho de ingreso en el seminario teológico protestante de Tubinga. Después de un año de estudios teológicos se pasó a la filología clásica. Fueron sus maestros Otto Crusius, Ludwig Schwabe, Wilhem Schmid, a quien le debió sobre todo el consejo de continuar sus estudios en Bonn, bajo la égida de los grandes maestros Hermann Usener y Franz Bücheler. De este último recibió Otto impresiones tan fuertes y decisivas, que durante más de dos decenios toda su actuación científica estuvo dedicada a la lengua, la literatura y la religión romanas. Epicuro es la última de sus obras terminadas que él mismo revisó para su publicación y apareció por primera vez en la compilación de sus textos póstumos (Das Wort der Antike, Klett 1962). Leer menos

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